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Economía Naranja: Oportunidades Infinitas – 2 de 2 –

Julio Sánchez Maríñez

17 de December de 2024

Con la publicación por el Banco Popular Dominicano de Dominicana creativa. Talento en la economía naranja se cumple aquello de que para muestra basta un botón, pues esta publicación nos ofrece todo un muestrario, un exquisito recorrido por los territorios de la gestión cultural, la arquitectura, el diseño, la moda, la artesanía, el cine, los audiovisuales, la publicidad, la tecnología y la gastronomía, cubriendo así la mayor parte, si no toda, de la variada geografía de las Industrias Culturales y Creativas (ICC).  Para engalanar esta iniciativa editorial se cuenta con las firmas de María Amalia León, Juan Mubarak, Dominique Bluhdorn y Stephen Kaplan, Carla Quiñones Polanco, Ignacio Nova, Albert Martínez Martin, Edilenia Tactuck, Felipe Pagés, Jose Armando Tavárez y María Marte.

Con estos contenidos, por estas firmas, Dominicana creativa. Talento en la economía naranja nos permite re-conocernos en nuestras variadas capacidades y talentos y, con confianza en nosotros mismos, reconociendo las oportunidades infinitas abiertas ante nosotros, plantearnos la pregunta: ¿Qué podemos hacer para impulsar y acrecentar el potencial torrente que puede desatar nuestro país en el océano de la economía naranja?

A nivel general, se habla de cuatro tipos de políticas públicas para apoyar la producción y consumo de productos creativos y culturales, a saber: 1) de oferta, 2) de demanda, 3) sistémicas y 4) de formación de capital humano. Las políticas de oferta consisten en apoyos directos (subvenciones, subsidios, financiamiento blando) o indirectos (exenciones o regímenes tributarios especiales) por parte de los sectores público y privado a los emprendimientos y empresas culturales creativas. Las políticas de demanda buscan incentivar el consumo de bienes creativos culturales mediante descuentos de impuestos sobre la renta, vouchers, ferias de comercialización y otras modalidades. Las políticas sistémicas procuran subsanar las fallas de coordinación y las imperfecciones de mercado favoreciendo la interconexión o enlace entre industrias y negocios “tradicionales” y empresas y emprendimientos culturales, con incentivos directos para la adquisición de bienes o servicios de las ICC.  Las políticas de formación de capital humano favorecen y apoyan tanto la oferta como la demanda de oportunidades de desarrollo, capacitación y formación inicial de los recursos humanos competentes para el desarrollo de las ICC.

En nuestro país apenas empiezan a esbozarse políticas públicas particularmente dirigidas a apoyar las ICC y fomentar la economía naranja.  Sin dudas el mejor exponente de una política pública con este propósito lo ha sido la Ley 108-10 para el Fomento de la Actividad Cinematográfica, que ha contribuido decisivamente al despegue de este sector. La recientemente promulgada Ley No. 340-19 que establece el “Régimen de Incentivo y Fomento del Mecenazgo Cultural en la República Dominicana”, pendiente de instrumentación efectiva, promete ser otra vía de apoyos al florecimiento de la economía naranja en nuestro país. La integración de la Cuenta Satélite de Cultura al Sistema de cuentas nacionales y el primer ejercicio en esa materia realizado en por el Banco Central y el Ministerio de Cultura reportado en 2016, constituye un importante paso para la visibilidad y el seguimiento al desarrollo de las actividades y contribuciones de la ICC a la economía dominicana.

Sin subestimar la importancia de políticas públicas e iniciativas que favorezcan la oferta, la demanda y la coordinación institucional e inter-sectorial que mitigue las fallas de mercado, no podemos dejar de destacar la suprema importancia de contar con aquellas que potencien el capital humano indispensable a las ICC y al desarrollo de la economía naranja en nuestro país. Es imposible ignorar lo indispensable que resultan las actividades de formación y capacitación en una esfera de actividad humana como la de las ICC, caracterizadas por la creatividad, el ingenio y la innovación con bases humanísticas, tecnológicas y gerenciales.  

El desarrollo -en cantidad y calidad requeridas- de las competencias fundamentales propias del rol especifico, así como de las actitudes, bagaje y horizontes culturales y los marcos mentales de los protagonistas de las ICC es materia de las políticas y programas de formación de capital humano que se apliquen, con miras altas, de modo que esos actores alcancen condición competitiva nacional e internacional. Esto es válido tanto para los actores que se desempeñen en roles ya profesionalizados, como, por ejemplo, los de publicista, arquitecto, diseñador, ilustrador, programador, cineasta, como para aquellos en roles que aún no se encuentran universalmente profesionalizados, como los de escritor, instrumentalista o artesano.

Son las universidades las que pueden mejor constituirse en nicho-sistemas[1] en los que se cultive el potencial imaginativo, creativo e innovador de los actuantes de las ICC, tanto en su capacitación “técnica” y “tecnológica”, como en su formación humanística y cultural, en las denominadas habilidades “duras” como en las identificadas como “blandas”, imprescindibles todas para asumir con éxito los retos en este ámbito empresarial sujeto a la hipercompetitividad de nuestros días. Otras entidades pueden contribuir, pero no con la capacidad de integralidad con que puede hacerlo la institución universitaria, que aloja en su concavidad las distintas áreas de formación o capacitación antes mencionadas y que pueden hacerlo en una atmósfera propicia a la investigación, el ensayo, la creatividad y la innovación, retomando lo nacional, pero con apertura a lo internacional. Esto supone, por supuesto, instituciones de educación superior verdaderamente comprometidas con enfoques de formación interdisciplinaria, en un ambiente que propicie la creatividad y la innovación y con apertura a lo internacional desde lo nacional, glocales, para emplear el término que refiere a la combinación de lo global y lo local.

Esos y no otros son los desafíos de una formación de capital humano que pueda sustentar una economía naranja vigorosa. Desafíos que lo son también para las propias instituciones formadoras, particularmente las de educación superior.

En el caso del INTEC, su aporte al desarrollo de las ICC se materializa en las distintas vertientes de actividad universitaria: la formación y docencia, la extensión y vinculación y la investigación académica y aplicada.

En el ámbito de la formación el aporte al desarrollo de la economía naranja no se limita a la presencia en su oferta académica de programas como los de Cine y Comunicación Audiovisual, de Comunicación Social y Medios Digitales, de Comunicación Comercial y Publicidad, Mercadeo y Negocios Digitales, Diseño Industrial e Ingeniería de Software, sino a un enfoque curricular transversal a  todos los programas, orientado a competencias genéricas y específicas, que promueve la interdisciplinariedad y que responde a las necesidades del contexto nacional e internacional.

Un enfoque que se aplica en un ambiente institucional que privilegia la investigación y la innovación, con la más amplia participación de profesores y estudiantes. El “tono” del ambiente institucional, por así decir, lo alimentan los trabajos desde el INTEC con las micro, pequeñas y medianas empresas con vocación “naranja”, apoyándolas desde la escuela de negocios o de la carrera en diseño industrial, por ejemplo, en la mejora de sus diseños, marcas, procesos, aprovechamiento de materiales y planes de negocios.  De no menos importancia resulta la investigación académica, en la que, por ejemplo, se ha estudiado el patrimonio cultural material y arqueológico del país. Estos proyectos de vinculación con empresas y de investigación en temas asociados constituyen espacios de oportunidades en los que profesores y estudiantes confrontan y trabajan en las realidades en las que se desenvuelven los actores de las ICC generando así un circuito virtuoso que enriquece las actividades formativas desarrolladas por vía de los programas formales o los cursos de educación continua.

Se puede y debe hacer mucho más desde las instituciones de educación superior y de formación en sentido general, en las ofertas de formación y capacitación, en la extensión y los servicios en vinculación con las empresas y en la investigación, pasando, en este último caso, de proyectos episódicos a programas sistemáticos en torno a las ICC y la economía naranja en el país.

República Dominicana, partiendo del talento creativo característico de su gente, cultivado por medio la oferta de formación en sus distintos ámbitos y a distintos niveles, con un marco de políticas públicas enfocadas al apoyo de las ICC y el desarrollo de esta ilimitada esfera de actividad cultural y económica, tiene oportunidades infinitas a ser aprovechadas. Esta publicación es una prueba fehaciente de ello.

Por todo lo dicho, esta iniciativa del Banco Popular Dominicano, que se inscribe en su tradición de aportes al desarrollo de capacidades nacionales, es motivo de regocijo y merecedor de una entusiasta felicitación con la exclamación ¡Enhorabuena!

Del prólogo a “Dominicana creativa. Talento en la economía naranja”, publicado en 2021 por el Banco Popular Dominicano, ver: dominicanacreativa.com/publicacion


[1] Utilizo el termino nicho-sistema para referirme al ecosistema particular que podemos encontrar en la concavidad del espacio universitario, que a su vez es parte de ecosistemas más amplios y abiertos, en el que se interrelacionan diversas formas institucionales y organizacionales.

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