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¿Por qué un tecnológico? – 1 de 2 –

Uno de los componentes de nuestro legado, que nos debe mover a futuro, es el ejemplo que nuestros fundadores nos dejaron, reflexionando críticamente sobre la universidad a construir, con cabeza propia, pensando en nuestra realidad, sin ser ellos ajenos a una experiencia internacional en la que se formaron. Su ejercicio reflexivo tenía la disciplina que da el escribir, algo que aún no terminamos de superar en esta cultura predominantemente ágrafa, en la que muchos hablan, pero pocos escriben.

El legado de la reflexión crítica sobre el modelo de universidad

En el documento “Principales Objetivos del Instituto Tecnológico de Santo Domingo”, escrito por Eduardo Latorre al cumplirse el 5to. Aniversario de INTEC, nuestro fundador, rector y recipiente del doctorado honoris causa por parte de nuestra comunidad inteciana, planteaba lo siguiente:

Eduardo Latorre

“Hasta ahora nadie tiene una respuesta definitiva de cómo debe ser y organizarse la universidad del Tercer Mundo para dar servicio a los países dependientes y subdesarrollados de África, Asia y América Latina.  Mucho menos pretendemos los del INTEC creer que hemos encontrado tan siquiera el camino. Lo que sí se pretende es hacer el esfuerzo para buscarlo como objetivo institucional y no reproducir modelos universitarios obsoletos o diseñados para dar servicio a sociedades con una problemática muy diferente a la nuestra.”[1]

Los rankings y la ideología de las universidades de clase mundial

Pensamos en las universidades de Estados Unidos e inmediatamente viene a nuestra mente Harvard University y, probablemente, Stanford University, Yale University y el Massachusetts Institute of Technology (MIT)  y, con ellas, el paradigma de las research universities.  

Con la entrada de lo que ha venido a llamarse la economía del conocimiento (knowledge economy) y las nuevas condiciones de hipercompetitividad desatadas por la globalización, se ha subrayado la importancia indispensable de las universidades, la formación de capital humano con cualificaciones avanzadas y los aportes en materia de investigación para la productividad e innovación; a ese tenor, ha entrado en juego una fiera competencia en términos de posicionaminto de las universidades de los distintos países, que se expresa por vía de las posiciones que ocupan en las denominadas tablas de clasificación o rankings.

Así inició el discurso sobre las universidades de clase mundial y se empezó a hablar por doquier sobre las mismas, a pesar de que, como dijera el connotado investigador sobre educación superior, Philip Altbach: – “todo el mundo quiere una, nadie sabe lo que es y nadie sabe cómo obtenerla.”[2]

Empezaron a proliferar las tablas de clasificación o rankings por países y emergieron los internacionales como el del Suplemento de Educación Superior del Times (THES), realizado por QS Quacquarelli Symonds Ltd. y el Academic Ranking of World Universities (ARWU) de la Universidad Jiao Tong de Shanghai (SJTU), entre los más reconocidos y respetados. Y en ellos se encontró, con base a su selección de criterios y de métricas, la propuesta de prototipos de universidades de clase mundial.

Llegó entonces el libro de Jamil Salmi, El desafío de crear universidades de rango mundial, con el patrocinio del Banco Mundial y, de ciertas lecturas del mismo, se desprendió, para parodiar a Altbach, el que “todo el mundo quiere ser una, nadie sabe si todos tienen que serlo y nadie sabe todo lo que se requiere para obtenerla.” Porque el propio Salmi estableció su fórmula para llegar a ser “de clase mundial” según los sistemas de rankings

“a) una alta con­centración de talento (profesores y estudiantes), b) abundantes recursos para ofrecer un fértil ambiente de aprendizaje y para llevar a cabo investigaciones avanzadas, y c) características favorables de gobernabilidad que fomenten una visión estratégica, innovación y flexibilidad, y que permitan que las instituciones tomen decisiones y administren sus recursos sin ser obstaculizadas por la burocracia.”[3]

La experiencia histórica: Estados Unidos y sus modelos de universidad

Puede decirse que la educación superior en los Estados Unidos inició con la fundación de Harvard (de orientación puritana), en 1636, del College of William and Mary (de orientación anglicana), en 1693, y más tarde con Yale (de orientación calvinista) en 1701, en general adoptando el currículo clásico de Oxford y Cambridge, de Inglaterra, así como las estructuras de gobierno de la Universidad de Edimburgo, Escocia. Harvard ni Yale, como tampoco, algo después, Princeton, fueron las universidades que son hoy. Estas universidades coloniales, fundadas en tiempos de las trece colonias, eran entonces instituciones muy pequeñas con un currículo basado en las artes liberales con el que los estudiantes estudiaban griego, latín, geometría, historia antigua, lógica, ética y retórica, con pocas discusiones y sin sesiones de laboratorio cuyo propósito era formar jóvenes para el ministerio (más liberal en Harvard, más ortodoxo en William and Mary).

Estas primeras instituciones y otras similares fueron evolucionando y dando lugar a diversas variantes (¿o modelos?) de desarrollo institucional, curso histórico en el que podemos identificar varios hitos de los cuales enunciaremos unos cuantos:

  • la proliferación de los colegios de artes liberales, según las denominaciones de la tradición norteamericana, y la transformación de una parte de ellos en universidades o la persistencia de otra parte de los mismos a lo largo del tiempo[4] ;
  • el surgimiento de los colegios agrícolas como los que operaban ya en los 1840s en Ohio, Michigan, Maryland, and Pennsylvania, luego  estimulados por la Ley Hatch de 1887,  que otorgó fondos federales para fomentar una serie de estaciones experimentales agrícolas;
  • el impacto de la Ley Morrill en 1862 o Land-Grant College Act y de las universidades fundadas o desarrolladas a su amparo;
  • los institutos tecnológicos con enfoques como el del Rensselaer Polytechnic Institute, fundado en 1824;
  • la fundación de Johns Hopkins University en 1876, al influjo de las ideas del denominado modelo humboldtiano desarrollado en la antigua Prusia (hoy Alemania); y
  • la tendencia a la apertura y masificación de las universidades con la G.I. Bill de 1944 (Servicemen’s Readjustment Act) y los beneficios educativos para los veteranos de la Segunda Guerra Mundial.

Lo que nos dice la experiencia histórica de la evolución del sistema de educación superior en Estados Unidos es que esta se produjo generando una variedad de respuestas institucionales a distintas demandas y propósitos que correspondían a cada coyuntura y contexto históricos ,por ejemplo,  los colegios de artes liberales cuando se enfatizaba en preparar ministros y gente culta, los colegios agrícolas y las universidades agrícolas y mecánicas (A & M) frente a los grandes desafíos de la producción agrícola y su mecanización, los institutos tecnológicos en respuesta a los requerimientos de la industrialización y la innovación y, así, en general, respuestas  enfocadas en demandas y necesidades de la sociedad.

A nosotros probablemente nos haría muy bien conocer mejor los detalles de ese prolongado proceso que entre sus resultados actuales nos presenta las casi 300 universidades de investigación (research universities) que deslumbran al mundo que las reconoce con admiración. Estas research universities son parte de un sistema de educación diverso y diferenciado con más de cinco (5) mil instituciones de educación superior, de las cuales más de mil son community colleges que ofrecen programas de hasta dos años de duración (associate degrees).

De particular interés nos resultan las denominadas land grant y agricultural & and mechanics (A&M) universities y los technological institutes, a las que nos referiremos cuando continuemos con la segunda parte de este tema.


[1] Latorre, Eduardo. (1978). Principales Objetivos del Instituto Tecnológico de Santo Domingo. Documentos INTEC, Vol. 3

[2] Altbach, Philip G. (2004). The Costs and Benefits of World-Class Universities”. Academe 90 (1, January-February).

[3] Salmi, J. (2009). El desafío de crear universidades de rango mundial. Washington, D.C.:  Banco Mundial

[4] Por “colegios de artes liberales” se entiende aquellas instituciones de educación superior con énfasis en estudios de pregrado en artes y ciencias liberales y que tienen como objetivo desarrollar capacidades intelectuales generales y conocimientos generales amplios, en contraste con un plan de estudios profesional, vocacional o técnico.