Economía Naranja: Oportunidades Infinitas – 1 de 2 –

Julio Sánchez Maríñez

17 de January de 2022

Del prólogo a “Dominicana creativa. Talento en la economía naranja”,
publicado en 2021 por el Banco Popular Dominicano,
ver: https://dominicanacreativa.com/publicacion/


Fue probablemente Peter Drucker, el filósofo y teórico de la gerencia, quien ya desde 1969, en su libro La Era de la Discontinuidad, uno de los primeros autores que nos habló de la entrada a la sociedad del conocimiento refiriéndose al conjunto de transformaciones que experimentábamos  prácticamente en todos los ámbitos de nuestras sociedades. Los planteamientos de Drucker coincidían con los que también hacia Daniel Bell, el reputado sociólogo y profesor de la Universidad de Harvard, con su publicación en 1973 El Advenimiento de la Sociedad Posindustrial. El paso a un nuevo estadio histórico también ha sido tratadopor otros importantes estudiosos entre los que podemos destacar aYoneji Masuda, profesor de la Universidad de Aomuri y director de la Sociedad Japonesa de Creatividad, en su libro de 1980 La Sociedad de la Información como Sociedad Post-Industrial, o a Manuel Castells, profesor emérito de la Universidad de California en Berkeley y actualmente ministro de universidades del gobierno de España, con su trilogía bajo el título colectivo de La Era de la Información: Economía, Sociedad y Cultura (1996, 1997, 1998).

Independientemente de los distintos acentos de los múltiples enfoques de los profundos cambios que se desarrollan incesantemente en el ordenamiento de todas las sociedades a nivel global, lo cierto es que experimentamos, palpablemente, cómo la investigación y el conocimiento científico y tecnológico, la capacidad de innovación y el fomento y aprovechamiento de la creatividad se constituyen en las bases de funcionamiento de las economías y las sociedades contemporáneas, tal como lo fueron en el pasado las capacidades de reutilizar la producción agrícola o industrial.

Es en este amplio contexto histórico que proponemos aproximarnos a la que ha sido denominada como economía naranja. Si bien no existe un consenso en torno a una definición de las Industrias Culturales y Creativas (ICC) que conforman la economía naranja, sí existe una noción compartida de que estas se encuentran en la intersección entre actividades que generan valor económico y las que crean valor cultural.  Así, por ejemplo, para la UNESCO las industrias culturales y creativas comprenden “a aquellos sectores que tienen como objeto principal la creatividad, la producción o reproducción, la promoción, la difusión y la comercialización de bienes, servicios y actividades de contenido cultural, artístico o patrimonial[1]; Benavente y Grazzi, en su trabajo para el Banco Interamericano de Desarrollo (BID), destacan el componente creativo merecedor de propiedad intelectual en los productos de las ICC al referirse a estas como: “el grupo de actividades a través de las cuales las ideas se transforman en bienes y servicios culturales y creativos, cuyo valor está o podría estar protegido por derechos de propiedad intelectual”[2].

Apoyados en esas definiciones, podemos clasificar y enumerar las ICC, sin pretensión de exhaustividad, de la manera siguiente:

  1. Actividades artísticas tradicionales y emergentes, relacionadas con la creación preservación y transmisión del patrimonio cultural, material e inmaterial, de una sociedad; nos referimos a las artes visuales, plásticas y escénicas, a la creación literaria y musical, a la artesanía como también a las artes olfativas y gastronómicas.
  2. Producción creativa comercial, en las que su valor final se debe principalmente o de manera significativa al contenido creativo embebido en los productos; entran aquí el diseño de interiores, de escenarios, de modas, paisajismo, la joyería las artes gráficas, fotográficas y de ilustración, la publicidad, los videojuegos y animaciones digitales, entre otros reglones.
  3. Actividades que brindan apoyo creativo a otras industrias; aquí encontramos aquellas cuyo resultado creativo es parte del insumo para la producción o servicio que no son en sí mismos actividades creativas, como lo son diseños de productos, sus empaques y etiquetados otras presentaciones mercadológicas, señalética, pabellones y otros formatos de exhibiciones.

Como vemos, se trata de una amplia variedad de ICC que conforman la economía naranja y que, en su conjunto, constituyen un importante componente de la actividad económica general. Se calcula que en 2013 ya las principales 11 industrias creativas y culturales representaban un 3 por ciento del producto interno bruto (PIB) mundial, generando ingresos por un total de 2,250 billones de dólares y casi 30 millones de puestos de trabajo. Entre 2002 y 2015 el mercado internacional para los productos creativos se duplicó llegando a 509 billones de dólares.[3]

Según estimaciones de Ernst & Young, para el 2015 las ICC concentraron el 2.2% del PIB de América Latina y el Caribe equivalente a US$124 miles de millones en ingresos, y generaron 1.9 millones de empleos (Ernst & Young, 2015;[4] Benavente y Grazzi, 2017).

En términos de contribución al producto interno bruto, destacan Ecuador, con un 4,76 por ciento, Paraguay, con un 3.85% y México, con un 3.3%; en volumen exportado lideran México con más de 4,600 millones de dólares en 2012 y Argentina, con más de 2,400 millones de dólares en 2016.[5]

Estas cifras comparativas del avance de las ICC y la economía naranja en nuestra región deben ser interpretadas en términos del contexto internacional más amplio; al hacerlo así, se evidencia que, si tomamos como indicador la participación en las exportaciones mundiales de bienes creativos en 2015, solo el 3 por ciento se origina en la región de América Latina y el Caribe. Esto nos indica que, independientemente de lo que hayamos avanzado en estas cada vez más importantes avenidas, es mucho lo que aún podemos y debemos proponernos recorrer.[6]

En República Dominicana con datos para 2016, de acuerdo al primer informe de la Cuenta Satélite de Cultura realizado por el Banco Central y el Ministerio de Cultura, las ICC representaron el 1.5 por ciento del PIB, con un volumen exportado de casi 199 millones de dólares; en términos de contribución al empleo las ICC acumularon el equivalente al 12.5 por ciento del empleo total en 2014 (el doble que lo que representan en Chile, donde se estima que representan un 6.6 por ciento y mucho más que la mayoría de los países de la región para los cuales se reportan datos que oscilan entre el 1 y el 2.8 por ciento). [7]

Más allá de nuestras cifras comparativas con la región de América Latina y el Caribe, que, tal como vimos, tiene mucho por lograr, debemos insistir en el gran potencial del país para hacer acopio de las capacidades creativas de nuestra gente para que el tren de las ICC en nuestro país, con sus múltiples vagones, por así decir, transite con mayor velocidad hacia lugares con mejores escenarios.  En efecto, más que insistir en los límites o en los avances relativos que tenemos como país en el campo de la economía naranja, debemos enfocar nuestra mirada en las amplias oportunidades que tenemos y que podemos aprovechar.

Creemos que de eso trata precisamente, entre otras bondades, la importante publicación “Dominicana creativa: talento en la economía naranja”, realizada recientemente por el Banco Popular Dominicano.  Nos ofrece una formidable mirada al rico panorama de ofertas y, más aún, de posibilidades, que tenemos los dominicanos y, en general, quienes habitamos en este pequeño a gran país, para desplegar nuestras reconocidas capacidades de creatividad e ingenio, de emprendimiento y aprendizaje, en estos terrenos de la economía naranja que acertadamente han sido denominados como “una oportunidad infinita”.[8] Oportunidades infinitas, así, ahora, en plural, en este nuevo estadio de la humanidad presidido por el conocimiento, en sus distintas vertientes, con prominencia de los desarrollos científicos y tecnológicos, pero liderados por el ingenio, la creatividad y las capacidades de innovación para las cuales, afortunadamente, vale mucho aquello de que el mundo se ha hecho plano, para utilizar la provocativa expresión de Friedman. [9]



[1] Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO) (2010). Políticas para la creatividad. http://www.lacult.unesco.org/docc/prueba_06_largo.pdf

[2] Benavante, J. M.  y Grazzi, M. (2017). Políticas Públicas para la creatividad y la innovación: Impulsando la economía naranja en América Latina y el Caribe. IDB -M G-557. Banco Interamericano de Desarrollo (BID).

[3] Datta, N. y Hatayama, M. (6 de Octubre de 2020) Don’t overlook the orange economy: five reasons why creativity is key for the jobs agenda. Jobs and development (World Bank Blogs) https://blogs.worldbank.org/jobs/dont-overlook-orange-economy-five-reasons-why-creativity-key-jobs-agenda

[4] Ernst & Young (2015) Cultural times: The first global map of cultural and creative industries. https://en.unesco.org/creativity/files/culturaltimesthefirstglobalmapofculturalandcreativeindustriespdf

[5] De Groot, O., Dini, M., Gligo, N., Peralta, L., & Rovira, S. (2020). Economía creativa en la revolución digital: la acción para fortalecer la cadena regional de animación digital en países mesoamericanos. CEPAL. http://repositorio.cepal.org/bitstream/handle/11362/45529/1/S2000218_es.pdf

[6] UNCTAD STATS. (2013). Portal oficial de estadísticas de la Conferencia de las Naciones Unidas sobre Comercio y Desarrollo (UNCTAD). http://unctadstat.unctad.org/ ReportFolders/reportFolders.aspx. Consultado en: Junio de 2021

[7] Banco Central & Ministerio de Cultura. (2016). Cuenta Satélite de Cultura: Primer Informe de Resultados.  https://oei.org.do/Oei/Noticia/cuenta-satelite-de-cultura-primerinforme-de-resultados#gsc.tab=0

[8] Buitrago Restrepo, F. y Duque Márquez, I. (2013). La economía naranja, una oportunidad infinita. Banco Interamericano de Desarrollo. 2013.

[9] Friedman, T. L. (2005). The World Is Flat: A Brief History of the Twenty-first Century. New York: Farrar, Straus and Giroux.


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