¿Por qué un tecnológico? – 2 de 2 –
Julio Sánchez Maríñez
Al examinar la experiencia histórica de la evolución del sistema de educación superior en Estados Unidos, encontramos que esta se produjo generando una variedad de respuestas institucionales a distintas demandas y propósitos que correspondían a cada coyuntura y contexto históricos. Esto contrasta con la visión unidimensional que supone un modelo único e invariable de universidad, descontextualizado y desarraigado.
De la variedad de respuestas institucionales a distintas demandas y propósitos que correspondían a cada coyuntura y contexto histórico nos resultan de particular interés las denominadas land grant y agricultural & and mechanics (A&M) universities y los technological institutes, a las que nos referiremos con la sujeción a la brevedad que nos impone este medio.
Las land grant y agricultural & and mechanics (A&M) universities

Con la aprobación de la primera Ley Morrill en 1862, también conocida como Land-Grant College Act, el gobierno federal de Estados Unidos inició una política entonces novedosa de proporcionar apoyo federal para la educación superior, originando las que fueron conocidas, en general, como A&M universities, universidades especializadas en “agricultura y artes mecánicas”. Nombrada como Ley Morrill por su principal patrocinador, Justin Smith Morrill, congresista por el estado de Vermont, fue promulgada por el entonces presidente Abraham Lincoln, después de que una ley similar se había intentado por varias legislaturas. Con esta ley se proporcionaban 30,000 acres (120 km2) por cada congresista de los estados miembros de los Estados Unidos para que, utilizándola directamente o con los ingresos por venta de parte de ella, se establecieran y financiaran los denominados land-grand colleges con el siguiente propósito:
“sin excluir otros estudios científicos y clásicos e incluso la táctica militar, enseñar las ramas del saber relacionadas con la agricultura y las artes mecánicas, en la forma en que prescriban respectivamente las legislaturas de los Estados, a fin de promover la educación liberal y práctica de las clases industriales en las diversas ocupaciones y profesiones en la vida.”[1]

A la ley Morrill de 1862 le siguieron otras iniciativas federales de apoyo a las nuevas universidades, como la Ley Hatch de 1887 y la denominada Agricultural College Act, de 1890, que beneficiaron a instituciones como Rutgers University (1766), Penn State (1855), Cornell University (1865), University of Illinois (1867), Purdue University (1869) , Texas A & M (1876), Florida A&M (1887), el recinto Mayagüez de la Universidad de Puerto Rico (1911) y muchas otras, incluyendo el Massachusetts Institute of Technology (MIT), fundado en 1861.
“La investigación agrícola en el sistema universitario de concesión de tierras tiene un impacto en la vida cotidiana. Entre las diversas áreas de investigación, los investigadores de las instituciones de concesión de tierras exploran las mejores prácticas para el ganado, la pesca y el cultivo de plantas; analizan las cadenas de valor agrícolas; examinan las interacciones entre la salud del suelo, la productividad y la calidad del agua, y buscan pesticidas nuevos y más seguros para proteger la producción de cultivos, la salud humana y el medio ambiente. Los descubrimientos logrados a través de esta investigación en instituciones de concesión de tierras han mejorado la vida de productores y consumidores de diversas maneras”.[2]
Los institutos tecnológicos

En 1824 Stephen Van Rensselaer auspició la fundación de Rensselaer School que en 1833 se convertiría en el Rensselaer Polytechnic Institute, “con el fin de instruir a las personas… en la aplicación de la ciencia a los propósitos comunes de la vida”, dejando establecidas las escuelas de ciencias y de ingeniería de mayor antigüedad con operaciones continuas en cualquier país de habla inglesa.
En 1861 se fundaría el Massachusetts Institute of Technology (MIT) con su filosofía fundacional de “aprender haciendo” y en 1870, con el legado del inventor Edwin A. Stevens, abría sus aulas, el Stevens Institute of Technology.
Se iniciaba así la creación de los institutos tecnológicos como modelo universitario, respondiendo a la creciente industrialización de los Estados Unidos, a los rápidos avances en ciencia y tecnología a mediados del siglo XIX e inspirados en institutos politécnicos alemanes y franceses.

El fundador de MIT, William Barton Rogers, geólogo, físico y profesor universitario, lo hizo dejando lo que se conocería como el Plan Rogers en el que esbozó tres principios: la importancia del conocimiento útil, la necesidad de “aprender haciendo” y de integrar una educación que combinara la formación profesional y de artes liberales a nivel de pregrado.
De lo que se trataba, en gran medida, era del surgimiento durante el siglo XVIII de la ingeniería y el conocimiento tecnológico como áreas de estudio de nivel superior, ya por derecho propio. De manera especial se insistía en tratar a la ingeniería como una ciencia propia, no solo un campo empírico, con sus conocimientos transmitidos verbal y prácticamente a las siguientes generaciones. De hecho, durante el siglo XIX, se discutió sobre los énfasis deseables en la formación en ingenierías, en habilidades prácticas y reglas empíricas, en contraposición al conocimiento teórico y la atención a las ciencias básicas. Este es un tema que no se ha agotado y que resurge ya recientemente, aun sea, en otros términos.[3]
Otro tema de debate, en este caso de orden más general, consistía en las relaciones entre universidad e industria, un tema que no era acuciante y tal vez hasta sin atención alguna no solo por los colegios de artes liberales, sino por las universidades más tradicionales e incluso por las de inspiración humboldtiana como era el caso, en Estados Unidos, de Johns Hopkins University.
Un tema adicional vinculado a los institutos tecnológicos, como también a las land grant universities en general, fue el de la relación entre universidad y las actividades emprendedoras, y otro aún más álgido lo sería, particularmente con los desarrollos coincidentes y posteriores a la segunda guerra mundial, entre la universidad y las aplicaciones militares.[4]
Lecciones de una evolución diversa

Mucho podríamos extendernos refiriéndonos a los desarrollos de las land grant -A&M- universities y los institutos tecnológicos, así como su posterior desarrollo en convergencia hacia el modelo de research university, debido tanto a determinantes materiales como a fuerzas institucionales.[5] El argumento, aquí, a estos respectos, es el de la oportuna y apropiada capacidad de respuestas a cada coyuntura y contextos históricos por parte de las instituciones de educación superior en los Estados Unidos y la variedad de “modelos” mediante los cuales se produjeron esas respuestas, independientemente de su origen como de su evolución posterior. Como sentenció Burton Clark, el más enjundioso pensador e investigador de los sistemas universitarios:
“[…]cada universidad es única en combinar elementos comunes con características particulares.”[6]
Un tecnológico para República Dominicana, hoy
Lo que sostenemos a partir de las lecciones a las que hemos aludido es la necesidad de pensar al INTEC en el contexto y coyuntura de desarrollo de nuestro país, como universidad situada, sin desconocer estándares internacionales en lo que respecta a la calidad a observar en el cumplimiento de las funciones universitarias de formación y docencia, investigación y servicio.
Y aquí volvemos a los razonamientos que nuestro fundador Eduardo Latorre nos ofrecía en su documento “Principales Objetivos del Instituto Tecnológico de Santo Domingo”, escrito por al cumplirse el 5to. Aniversario de nuestro INTEC.
“Los dominicanos no vivimos ni (sic) en un país desarrollado, ni en un país socialista, ni tampoco en un país de aquellos a los que, por su extrema pobreza, se les ha denominado del Cuarto Mundo. El día que cambiáramos a cualquiera de esas realidades, o a otra distinta, la universidad tendrá que adecuarse y cambiar para servir en esa nueva circunstancia. La idea, así de simple, ha sido ocasionalmente oscurecida por la rigidez con que muchas veces algunos se aferran a modelos universitarios concretos, como si fueran permanentes o estáticos.” [7]
[1] 7 U.S. Code § 304 – Investment of proceeds of sale of land or scrip.
[2] Croft, Genevieve. (2019). The U.S. Land-Grant University System: An Overview. United States, Congressional Research Service, R45897. https://crsreports.congress.gov
[3] Ver, al respecto: Edström, K. (2017). The role of CDIO in engineering education research: Combining usefulness and scholarliness. European Journal of Engineering Education, 45(1), 113-127.
[4] Etzkowitz, H. (1988). The making of an entrepreneurial university: The traffic among MIT, industry, and the military, 1860–1960. In E. Mendelsohn, M. R. Smith, & P. Weingart (Eds.), Science, technology and the military. Sociology of the sciences (A yearbook) (Vol. 12/1/2, pp. 515–540). Dordrecht: Springer
[5] Ver, respecto a las fuerzas institucionales, a: DiMaggio, P., & Powell, W.W. (1983). The iron cage revisited: institutional isomorphism and collective rationality in organizational fields. American Sociological Review, Vol. 48, No. 2 (AprI), pp. 147-160
[6] Clark, B. R. (2005). The character of the entrepreneurial university. International Higher Education, No. 38 (winter)
[7] Latorre, Eduardo. (1978). Principales Objetivos del Instituto Tecnológico de Santo Domingo. Documentos INTEC, Vol. 3